#Opinión: España, al borde de la desesperación y el hastío del confinamiento

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La salida de los niños de sus casas, estuvo acompañada de la irresponsabilidad de los padres para guardar las medidas de seguridad ante la contingencia sanitaria

Quetzalina Lavalle Salvatori

Madrid, España.- A partir del domingo 26 de abril, en España los menores de catorce años ya pueden salir a la calle a dar paseos y jugar, la primera medida de desescalamiento propuesta por el gobierno. Las normas son sencillas: los niños pueden ser acompañados por un adulto y hasta dos hermanos, el paseo debe durar máximo una hora y ser a máximo un kilómetro de su residencia, la distancia de seguridad debe respetarse en todo momento y el contacto con otros niños está prohibido. Sin embargo, la sencillez y congruencia de las medidas no han evitado que muchos padres dieran un ejemplo terrible de irresponsabilidad al supervisar la primera salida de los niños a la calle. Twitter se ha llenado con imágenes vergonzosas de calles atiborradas de gente, padres hablando con otros padres, niños montándose partidos de fútbol, incluso una madre lactante hablando con otra mujer a escasos centímetros de ella y su bebé. Todo esto a pesar de haber estado encerrados durante más de cuarenta días, muchas mañanas oyendo números escalofriantes como 950 muertos o escenarios de terror como centros comerciales convertidos en morgues.

Es verdad que el tedio ya había comenzado a hacer estragos a nuestro ánimo y salud mental, lo que al principio eran bromas y ánimos arriba se han ido desgastando y hemos dado paso a la desesperación y a la ansiedad. Los vecinos siguen saliendo a las ocho de la tarde a aplaudir, siguen viéndose arcoiris en las ventanas y ocasionalmente alguien sigue compartiendo vídeos de su vecino DJ amenizando las noches de los viernes, pero también se ha ido abriendo otra corriente más desagradable que refleja el hastío. Los ataques contra el personal sanitario y empleados de supermercados comienzan a ser más comunes, cartas cobardes en las que se le pide a la enfermera del tercer piso que se cambie de casa porque el bloque no quiere contagiarse, pintadas en coches que leen ‘rata contagiosa’ a una médico cuyo marido es de nacionalidad china. La policía de los balcones que se erigió como heroína y defensora del pueblo español ahora nos avergüenza con sus insultos e improperios a gente que saca a sus perros a orinar o a una madre que saca a su hijo con discapacidad mental a pasear veinte minutos a la calle. Y el domingo pasado nos llenaron de rabia y tristeza esos cientos de padres que estuvieron dispuestos a exponer no sólo a sus propios hijo o a ellos mismos si no a toda la sociedad a un repunte en los contagios.

Nada en este proceso está siendo fácil, el confinamiento, la ‘nueva normalidad’ que ninguno sabe en qué consistirá, la incertidumbre de no saber si en otoño todo irá bien o si volveremos a meternos todos en casa hasta que el buen tiempo vuelva a ser clemente con nosotros. El miedo al virus y lo poco que sabemos de él, noticias de animales contagiados, problemas en el riego sanguíneo, ahora una enfermedad infantil que se desconoce si pueda estar relacionada con el Covid19. Sin embargo,es preocupante ver como, tras una responsabilidad casi impecable por parte de la gran parte de la sociedad española el primer mes de cuarentena, ahora que comenzamos a salir se pierde la razón y el temor al virus, poniendo en peligro no solo volver a meternos en casa, si no la vida de nuestros vecinos.

Sé que en México ya han sucedido ataques a personal médico, así con repudio a familias con algún miembro contagiado o amenazas de linchamiento a hospitales. El final del confinamiento se prevé hasta finales de mayo, augurando que la peor etapa, tanto del virus como de la salud mental de los ciudadanos, será en las próximas semanas. Los números parecen apuntar a que el Covid19 no se ensañará con la sociedad mexicana como lo hizo con la española o la italiana, pero hay que ser conscientes de que todo esto será posible sólo si la gente acata la cuarentena. Temo que lo que pasó aquí pueda pasar allá. Desde redes sociales e historias transatlánticas sé que hay gente que sigue viendo a familiares, viajan a ver a su pareja y ser reúnen con amigos. He visto gente viajando a distintos estados, usando mascarillas inapropiadamente, saliendo a dar paseos en coche o simplemente andando por sus ciudades. Pareciera como si cada quien pudiera decidir las condiciones bajo las cuales siguen el ‘quédate en casa’, una cuestión de altanería e ignorancia. Luego la terrible mentira de que el virus no es real, porque si la bestia es invisible, no existe.

Lamentablemente, el Covid19 no es una invención del gobierno ni es solo un resfriado. He sido testigo de amigos y familiares que pasaron por la enfermedad o que vivieron bajo el temor de tener un abuelo o un padre en el hospital, sin poder verlos, esperando a que la prueba diera negativo cuanto antes para evitar ver la imagen de sus seres queridos conectados a un respirador. El virus sigue aquí y está en México también, inadvertido viajando de mano en mano, de saliva a ojos, de cadáver a ser vivo. Por lo tanto, si como Tomás no crees hasta que no lo ves, o si crees que pasa pero nunca a ti. Si confías en que es solo una gripe, rectifica. Así te salvarás de ver la muerte masificada a través de ataúdes en filas sobre una pista de hielo. Aquí hemos cometido muchos errores, en México todavía hay tiempo.

Quédate en casa.

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