Opinión: La locura en mi cuarentena; una retrospectiva del aislamiento por #coronavirus en España

0
615

Escrito por Quetzalina Lavalle Salvatori

Madrid, España.- Mientas los madrileños estamos en cuarentena, nos es imposible pensar de vez en cuando con añoranza en todas aquellas cosas, pequeñas y triviales, que ahora echamos de menos. Es parecido a cuando te da una gripe y tus fosas nasales se encuentran obstruidas por una cantidad ingente de mucosa y te lamentas de no haber apreciado todos esos días en lo que podías tomar aire, enviarlo a tus pulmones y exhalarlo si ninguna obstrucción. Ridículo, pero igualmente desolador para el que lo sufre.

Y así, al quinto día de confinamiento, fuera de las típicas necesidades frustradas de un madrileño como salir de cañas con los colegas, darse un paseo en el Retiro en estos días primaverales o irse de fiesta hasta las seis de la mañana y acabar con un kebab, uno va dejando llevar su melancolía hacia las costumbres y rutinas más simples. Hoy, sin embargo, mientras cambiaba de enclave en mi maravilloso hábitat de 40 metros cuadrados, tuve una añoranza que augura mi próximo descenso a la locura: Eché de menos el metro.

Eché de menos el placer de superioridad cívica que sentimos todos tras echarle la bronca al insensato que entra al vagón antes de dejar salir solo por querer ir sentado, el entretenimiento en directo de la mujer cabreada gritando por teléfono que la familia es una mierda, no le da la gana volver a casa porque ya hace todo y encima ella es la única que trabaja ‘¡Que no vuelvo yo a esa mierda de casa! ¿Me entiendes?’, el salir del tren con desilusión por no llegar al desenlace y con osadía inventarte la historia detrás de la llamada, creando tu última ficción antes de llegar al portal de tu casa. Aprecié por primera vez esa solidaridad entre sardinas cuando un niñato con acné se sienta en el suelo del metro en hora pico y todos como hermanos le mandamos a tomar por saco, que deje de hacer el tonto que va a acabar con un pisotón en toda la cara. Y finalmente, después de cinco días de ver a mi pareja a todas horas, también recordé a toda la gente guapa que a veces viaja contigo y poder disfrutar de su figura de reojo mientras finjo contar las paradas que me quedan en la pegatina de la línea uno junto a ellos, aunque voy en la cinco.

En fin, metro, cuántas historias. Hoy te echo de menos. Pero también sé que aquí contamos los días con ansias para salir y volver a la vida de cañas y bares, de mercadillos, de ir a comer con los padres, del tedio del trabajo. Volver a verte como el terrible hueco al inframundo, a resoplar antes de entrar en tus fauces a las siete de la mañana porque la hora pico es una mierda. Que volvamos a los trenes y seamos indiferentes a lo que pasa a nuestro alrededor, odiar tu rutina y tus ruidos y que solo volvamos a echar de menos respirar sin problemas cuando nos pille otra gripe común.

 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor escribe tu comentario
Por favor ingresa tu nombre aquí