La Opinión: Doger y sus sicarios quieren regresar a la BUAP

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Por: Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc

Tras su fracaso como candidato a gobernador de Puebla, Enrique Doger soñó que su papel como plomero del morenovallismo en los comicios del 2018 sería recompensando con la secretaría de Salud en el gabinete de la extinta Martha Erika Alonso, sin embargo, el ex rector de la BUAP fue otra de los daños colaterales del ‘helicopterazo’ del 24 de diciembre.

Para nadie es un secreto que Doger Guerrero, como se narró oportunamente en este mismo espacio, vendió su cuerpo a Rafael Moreno Valle para participar en el Fraude Electoral del año pasado como el brazo armado de Alonso Hidalgo y atacar, fiel a su estilo miserable, al entonces candidato de Morena y hoy gobernador del estado Miguel Barbosa.

Sin ningún recato, el abanderado del PRI se convirtió en la dama de compañía del morenovallismo durante la elección que ganó Martha Erika a través de un sofisticado entramado en el que participaron desde los enanos de la aldea, hasta los políticos de la cúpula nacional y del poder Judicial de la Federación.

Doger cumplió con su misión de nadar en las cañerías bajo la promesa de amarrar un puesto en el naciente gobierno alonsista. Y, sin embargo.

Con la muerte de los Moreno Valle, José Enrique se unió a la lista de las “viudas de Rafael” y en su desesperación por no terminar en el exilio, coqueteó con el PAN para ser el abanderado albiazul en la elección extraordinaria de junio pasado. Incluso, el “doctor” Doger hizo correr la especie de que sería él quien relevaría a Enrique Cárdenas ante su nulo despunte en las preferencias de los votantes en Puebla.

Una vez más, Enrique se quedó con las manos vacías.

Pero, la mafia del dogerismo logró colocar a uno de sus más avanzados gánsters en el equipo de campaña de Barbosa Huerta. Así, el diputado federal Ignacio Mier se infiltró, gracias a su cercanía con Mario Delgado, líder de la bancada de Morena en la Cámara de Diputado, en el primer círculo del barbosismo.

Al igual que muchos otros oportunistas, advenedizos y morenovallistas, Mier Velasco tuvo que olvidar su profuso amor por Rafael Moreno Valle para ahora buscar refugio en los brazos de Miguel Barbosa, el candidato al que un año antes había traicionado al operar a favor de Martha Erika Alonso a pesar de su militancia en el Movimiento Regeneración Nacional.

Además del “Colosio Chiquito”, como se le conoce a Mier, Doger también puso al servicio de Barbosa su ‘periodismo sicario’ al entregarle la línea editorial de Diario CAMBIO y la pluma de su empleado Arturo Rueda.

Cómo olvidar los mezquinos ataques que se publicaron en el rotativo de Doger en contra del ahora mandatario poblana en los que hasta su familia y sus hijos se vieron involucrados.

Tras la elección ganada en la que todos se colgaron la medalla, pero cuya victoria únicamente pertenece a Barbosa, Doger y Mier, como muchos otros, anhelaron que llegarían a las principales posiciones del nuevo gabinete del gobernador emanado del lopezodradorismo.

Enrique y Nacho, los dos alegres compadres, pidieron la secretaría de Finanzas, pero su solicitud fue rechazada de inmediato por lo ridículo de la propuesta. Tras la negativa, Doger y Mier buscaron la secretaría de Gobernación, pero también fueron ninguneados.

Los días pasaban y los nombres de las mujeres y los hombres que acompañarían a Barbosa en su administración fueron develándose poco a poco sin que figurara el de Nachito Mier.

Sin nada en las manos y con la desesperación en los estómagos, Doger y Mier planearon una nueva estrategia para seguir viviendo del erario como lo han hecho desde hace más de 30 años. El dogerismo orquestaría un albazo en el contra de Alfonso Esparza para regresar a la rectoría de la BUAP.

Una vez más, José Enrique recurrió a su sicario doblado en periodismo para comenzar una arremetida en su medio contra Esparza Ortiz.

La extorsión es lo suyo.

Siguen creyendo que a periodicazos pueden conseguir más tlacoyos.

Los ataques sin fundamento a la medida de Mier y Doger en su periódico en contra de Alfonso Esparza se han convertido en algo sistemático, a pesar del jugoso convenio de publicidad que mantienen con la Universidad Autónoma de Puebla.

Y es que, Doger con sus dos gatilleros tiene el sueño de opio de que podrán derrocar a Esparza Ortiz para regresar a la Benemérita de Puebla dos décadas después.

A seguir mamando del erario otros 8 años.

Lo bueno es que Barbosa Huerta sabe reconocer a los oportunistas y arribistas quienes ven en el gobierno una oportunidad para seguir haciéndose ricos como sucedió en el régimen morenovallistas del que Enrique Doger y Nacho Mier fueron parte.

En palabras del gobernador: los compromisos de campaña se acaban a los seis meses.

Algo que Nachito Mier se niega a ver.

Doger y sus sicarios quieren regresar a la BUAP, esa es su ruta para sangrar unos años el presupuesto de los poblanos.

Lo bueno es que todos sabemos lo que hicieron el verano pasado cuando se dedicaron a negar y a atacar al ahora gobernador.

Mejor que el “doctor” Doger se dedique a explicar el escándalo de la CIMA cuando fue delegado del IMSS en Puebla, porque el proceso judicial por corrupción podría darse a conocer muy pronto.

Cuánto cinismo.

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